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Concierto The Pelocas en Lákora

El viernes pasado tuvimos entre nosotros a The Pelocas en el pequeño escenario (que de él hacen un gran escenario todos los que lo pisan) del Lákora.

Pelocas es un dúo de voces que no conocen del concepto ” MI SITIO”, porque todos los sitios donde pisan lo hacen SU SITIO. Y no exagero. Cuando andas organizando eventos y en un mismo fin de semana recibes como 5 llamadas diciéndote “tienes que llevar al Lakora a la morena y la rubia que están tocando en la Plaza del Ayuntamiento porque son geniales”. Y sí, lo son. Rike Döring y Constanza Álvarez son “la rubia y la morena”.

Desde Alemania y Chile trajeron en su maleta una guitarra, un cajón y otros elementos de percusión, además de un triángulo. Y un millón de papeles garabateados que hacen de su partitura sujetados con pinzas de la ropa en el atril que centra sus canciones.

Con la maleta deshecha comienzan por separado su trayectoria de cantautoras por los bares de Barcelona. En el bar El Ciclista (C/Mozart, 18)  coinciden y Rike le comenta de su viaje a Pamplona como punto de comienzo de su gira por España. Constanza no necesitó pensárselo ni media vez para dar el SÍ. Aunque su plan era recorrerse el norte con The Pelocas, Pamplona las atrapó durante más de 3 meses. Hasta hoy. Ahora cada una vuelve a su viaje individual. Rike por Málaga y Constanza de nuevo en Barcelona.

El concierto del Lákora fue su concierto de despedida y seguro que por eso fue tan emotivo. Recuerdo momentos en el que se creaba un silencio especial que rápidamente rompían para seguir cantando con esa sensación de “si paro de tocar, esto se acaba para siempre y no quiero”. Fue bonito compartirlo.

Con una guitarra acústica y un cajón bastan para unir la música de todo el  mundo y de todas las épocas. Así lo vivimos la semana pasada en su concierto DESTARTALADO que sonó a Manu Chao, a Alanis Morissette, a Oscar de León, a Gotye, a The Killers, a Manolo García…

Las personas somos tan complejas…curiosamente una persona que dedica su vida a la fortuna de su voz y de su música con una guitarra rasgada a cuestas, siente nervios y felicidad con un simple CLINNNN! del triángulo. ¿Recordáis el triángulo? Sí, es ese instrumentillo que le dejaban tocar en el festival de Navidad del cole a los que no éramos muy rítmicos, como por hacer algo. Pues a ellas, algo así, les hace feliz. Fácil, ¿no? Quizá ahí está el truco.

Ahora no sé por dónde andarán, pero seguro que dentro de poco vuelvo a recibir una llamada o un mensaje que me diga “oye Idoia, por aquí se escucha últimamente a una rubia y a una morena que tocan en la Plaza Mayor y tienes que invitarlas a tocar porque son, sencillamente, GENIALES”.

Para los que no podáis ir a verlas juntas de nuevo y los que por alguna causa de fuerza mayor no pudisteis venir al Lákora, aquí os dejo un trocito del concierto de la semana pasada: THE PELOCAS – EL ÚLTIMO CONCIERTO

Jorge Drexler en el Auditorio de Barañain

Cuando una vuelve de una entrevista en Barcelona para un puesto con el que se había ilusionado con un “NO” digamos que no hace que el día sea una explosión de alegría. Y sin darme cuenta la suerte ya me había mandado un abrazo cuando en el sorteo organizado por el Auditorio de Barañain me habían tocado dos entradas para el concierto de Jorge Drexler. No sabía que la desgana y apatía que llevaba encima se convertiría en carcajadas, bailongos y un par de besos de una música y unas letras que HACEN BIEN.

Con coreografía del más puro estilo de los Back Street Boys o Primos (a la española) entró el grupo de colegas repartidos por instrumentos y ciudades. Trombón, Barcelona, percusiones, Montevideo, triángulo, Madrid, bajo, Getxo…aquí nadie se queda sin bailar. Están especialmente contentos, aunque vuelvan de vacaciones, ya que es un reencuentro entre ellos. Se nota y se siente esa alegría especial. Habría una disputa clara: quién se lo pasó mejor, ¿ellos o nosotros? Ellos seguro se lo pasaron bien sin parar de bailar, ya lo advirtió el cantante uruguayo “este álbum está grabado en Colombia y claro, se nos llenó de cumbia; así que, en un ratito os pediremos que os levantéis de las butacas para bailar con nosotros”.  Sin duda, la sala se llenó de un PUÑADO DE CANCIONES QUE GIRABAN A NUESTRO ALREDEDOR COMO ELECTRONES.

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Al principio tímidos, poco a poco, con las luces de la sala, los compases latinos, los bailes de Jorge y el resto de músicos, nos animamos a echar unas palmas en clave cubana para acabar, sin darnos cuenta, moviendo el culo con los ojos cerrados. El que avisa no es traidor ¿no? Es cierto, NO HAY ARTE SIN EMOCIÓN.

También hubo tiempo para la poesía de la mano del trompetista, que nos regaló dos poemas. Uno de ellos “ama tu ritmo” de Rubén Darío. (poned atención!) Como leéis, también fuimos parte de sus canciones acompañándoles con silbidos y castañuelas.

Mientras los músicos salieron a descansar, o a echar un pitillo mientras miraban los whatsapps, Drexler y su guitarra se quedaron solos ante un agradecido público. Se había creado un clima de familiaridad y diversión. Un mantelito de cuadros y un pastel para compartir con la radio oyéndose de fondo.  “¿Qué queréis cantar?” Pobre…no sabía lo que decía. El público no paraba de pedir canciones: noctiluca, Disneylandia, deseo, horas…una auténtica locura. Y escogió la que más pegaba con el nuevo disco ¿Cuál? Su deseo más grande era SÓLO VERNOS BAILAR y así fue.

Y a cambio de concedernos la elección, el también se dio un gusto y cantó una canción “que con el panorama actual encaja perfectamente”. La milonga del moro judío surge de una noche en la sala Galileo. Mientras echaba una copa con el Maestro Sabina le hace escribir en un posavasos el verso:

Yo soy un moro judío

que vive con los cristianos

no sé qué dios es el mío

ni cuáles son mis hermanos.

El cantautor Chicho Sánchez Ferlosio se lo había cedido a Sabina y éste a Drexler que la usó como estribillo. “¡Ah! -Advirtió Sabina- ¡Hazla en décimas! y tuve que ir corriendo a buscar en Google porque delante de Joaquín no me atrevía a decir que no tenía ni idea de qué estructura era”.

Con la vuelta de los músicos cantan sobre la entropía y sus excepciones, una “ranchera metafísica” que probarán en México qué les parece este nuevo estilo de música.

El concierto iba finalizando. “Entre las canciones de mi nuevo disco hay una que no sé si es mi preferida, pero que quiero especialmente por varios motivos: Bolivia. Habla de la salida de Alemania de mi padre de cuatro años y mi abuelo, en 1939, escapando del horror nazi. En enero de ese año todas las cancillerías latinoamericanas decidieron dejar de dar visados por unos meses a los refugiados que intentaban escapar. Todos los países menos Bolivia, que fue el único país que recibió a mi familia en un acto de valentía y generosidad. Mi familia vivió en Oruro ocho años. Mi bisabuelo murió en Bolivia, mi tío nació ahí… Cuando hace un año fui a tocar a Bolivia por primera vez, lo hice con mucho agradecimiento y mucha emoción. Inmediatamente después escribí la letra de la canción y la terminé de musicalizar en los días que pasé componiendo aislado en la playa de Somo” (Diario Página Siete).

Tras la dureza de esta canción, se generó ese espíritu que su música conoce. Esa paz dulce alegre y melódica. Nos condujo hasta las playas venezolanas con la luz de La Luna de Rasquí, canción dedicada a Simón Díaz. De ésta canción, personalmente, me quedo con esta estrofa que es un resumen del concierto de Bailar en la Cueva:

 

La pena, que todo lo ve
con su microscopio
de desasosiego
La pena, aquí, creo que
¡Tiene un punto ciego!

 

Tras dos estupendos y aclamados bises apagaron las luces, pero nunca la música.

Sabes Drexler, que te llevamos dentro, igual que tú nos llevas dentro.

 

Pd.: Igual no tengo ese puesto en Barcelona, pero tienes razón “nada se pierde, todo se transforma” Siento el corte del vídeo pero ¡era imposible no dar palmas! AQUÍ EL DIRECTO

 

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Culturaportucarita – Jorge Drexler

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ZTK Rap

ZTK Rap a los platos

ZTK Rap a los platos

El rap siempre me ha dado la sensación de ser una música sincera. Así que no me queda otra que sincerarme yo también. Primero: perdón si cometo alguna atrocidad, soy una total y absoluta ignorante. Segundo: si alguien se anima a enseñarme o pasarme música, soy todo oídos. Y tercero: a este grupo, que no lleva dos días haciendo scratches ni garabateando letras, los conocí en una boda. No, no a ellos. A su música. En el momento en el que se reparten los novios de la tarta y regalos varios, todo, y cuando digo todo es TODO, el salón cantó el tema “Prisionero de mi locura”. Flipé. Me enganchó la canción pero me enganchó más el momento. Y entonces busqué más.

Hasta ver que podía verlos en directo en San Fermín. El Jai Gune les tenía reservado el último día de las fiestas junto con Benation y Los Chikos del Maíz. Lucharon para disolver la resaca de los que allí estábamos y la suya propia. No fue fácil, pero su fuerza es imparable.

Al igual que en ese momento de la boda la Novia, el padrino, la sobrina, incluso la abuela de él  cantaban eso de “señooor dicen que yo estoy rotooo tengo cara de locooo que lo mío YA-NO-TIEEE-NE-AAAA-RRE-GLOOO”  en el recinto de Gora Iruñea se vio saltar y levantar los brazos desde un rastas con el pantalón por las rodillas hasta una dulce criaturica con cara de no haber roto un plato. ¡Si hasta se pudo ver rapeando a un perro!

Mientras el MC (¿se dice así? vaya, el que está con los platos) calentaba motores para no dejar de bailar con sus manos durante el concierto, el resto del grupo, protegido con camisa de fuerza y máscaras de gas, pisó tierra para repartir mascarillas al público y es que “algo huele mal en Iruña”. De este primer tirón de crítica social y política cogieron carrerilla para volcar las medias tintas, pisar los titubeos y lanzar lejos la hipocresía y la mentira que nos atañe estos días. El entusiasmo partía desde los platos hasta cada uno de los micros que incluso fueron compartidos con Iosu de RPV. Sus canciones son algunas en castellano, algunas en euskera e incluso bilingües. Por mi parte, lo siento ZTK rap pero esas letras me las vais a tener que traducir…Letras de tú a tú, de lo que pasa en la calle, en la panadería del barrio, en la casa del vecino, y en el curro de mi tío. Letras que hacen malabares con la picardía y la astucia consiguen no dejar títere sin cabeza.

A mitad del concierto se liaron la manta a la cabeza y bajaron el volumen para animarse a capella. VEDLO AQUÍ

Lo que sí que dejaron, además de ganas de más, fue unas cuantas copias de su CD – Endemia que pudieron llevarse a casa los más rápidos. Pero para el que se quedase sin él, lo puede encontrar en internet AQUÍ.

 

 

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ztk rap y RPVko

ZTK Rap

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